Mentalmente me veo bloggear que bloggeo y también puedo verme ver que bloggeo. Me recuerdo bloggeando ya y también viéndome que bloggeaba.
jueves, 13 de enero de 2011
Sisifeando en el trabajo
miércoles, 12 de enero de 2011
Calipsos
domingo, 9 de enero de 2011
La palabra escrita
Ya escrita la primera
palabra (nunca la pensada
sino la otra – esta
que no la dice, que la contradice,
que sin decirla está diciéndola)
[…]
Ya escrita la primera
palabra (sigue,
no hay más palabras que las de la cuenta)
Octavio Paz
Pre-texto
Estas últimas semanas no he podido escribir. De la forma tradicional, con esto me refiero a poner mis dedos en acción, a depositarlos sobre el teclado QWERTY aquí presente y dejarlos traducir mis informes ideas. Estas últimas semanas me he estado escribiendo egoístamente a mí misma, leyendo [este es el momento en el que sale Noé Jitrik de atrás de las bambalinas y señala que leer es escribirnos, pero pobre argentino le va a dar un infarto de tanto estarlo trayendo del tingo al tango para citarlo y justificar mi inconstancia escritural]. Pero me arriesgo a jugar a los dados con Mallarmé, pues me encuentro perdida en el borde mismo del abismo en el que como bien señaló el poeta maldito, toda realidad se disuelve.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Carta hipotética a un ex-contrabajo
29.01.10
Anoche empecé a estudiar el libro de Solfeo I de la maestra polaca de mi hermano. Debes saber que a duras penas puedo leer bien en clave de Sol, imagínate cómo me va en la clave de Fa (¡¿sabías que existe una tal clave de Do?!) Me sentía como mongolita: re, la, do, sol | mi, fa, re, ti | con el metrónomo a sesenta. Me la pasaba haciéndole preguntas a mi hermano ad fastidium, hasta que formalizó su inconformidad de la siguiente manera: “Voy a tener que ponerme a estudiar diario contigo” y manifestó una ofensa fraternal diciéndome: “No tienes inteligencia espacial”, la cual culminó con una firme ejecución de sape justo en mi frente.
Había aceptado mi derrota en la música cuando no quedé en la facultad, refugiándome en el indie, el metal y el Camel azul; pero se me presenta una nueva oportunidad de aprender clandestinamente. Esto no es más que un intento –podría bien llamársele necedad– de poseer otro lenguaje para poder expresar lo inefable con acordes, colores, melismas y vibratos. Sin embargo, dotada de la oralidad efímera, esta búsqueda está condenada al fracaso, pues después de haberles dado vida, de proliferar las palabras, estas reverberarán en el escenario tan sólo unos instantes para morir en el olvido. Tal vez tú, mejor que yo, lo sabes.
Disculpa, he debrayado una vez más. A la velocidad de sesenta realicé mis solfeos mejor de lo que creí. Mañana retomaré mis ejercicios subiéndole la velocidad esperando realizar a tempo mi cometido.
